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jueves, 30 de enero de 2014

Réquiem (periodístico) por Pedro J.




   Pedro J. podrá gustar más o menos. A casi todos los políticos, les gusta menos. Pero lo que no se le puede negar es su profesionalidad y sus ganas de hacer de su periódico un lugar donde confluyan los auténticos periodistas. Como los de antaño. Los periodistas de investigación.

   Porque es en ese periódico y no en otros donde se han investigado asuntos tan turbios como los GAL, Filesa,  Roldán, Boe, Ibercorp, 11-M, etc. cuando otros periódicos no querían entrar a conocer ciertos asuntos para saber qué pasaba (o nos los dejaba su patrocinador) ahí estaba El Mundo. Gustase o no, fuera de tu cuerda política o no, existía un periódico que intentaba sacar a la luz las sombras más ocultas y tenías que leerlo. 
   
   No gustó a Felipe González por sacar a la luz los temas de corrupción durante su época en el Gobierno y tampoco le gustó a J.M. Aznar, pues criticó, entre otras cosas la Guerra de Irak. A Zapatero también le dio su parte de críticas con las que le arrojó por sus acuerdos con los nacionalistas, con el tema del Estatuto Catalán, con el caso del Bar Faisan y con las negociaciones de paz con ETA,  y con la teoría de la conspiración del 11-M. Rajoy, Cospedal, Bárcenas y Gallardón también tiene su actual ración de críticas. Incluso los sindicatos y la CEOE han visto como sus asuntos más sucios han salido a la luz.

   Su periódico es la continuación de la estirpe empezada con Diario 16 que también dedicó un gran esfuerzo a la investigación periodística. Periódico que marcó una época. Donde ya tuvo que salir porque allí también pisó muchos callos. Es palmario que en la clase política no gustan los periodistas independientes. No hay por donde pillarlos. Prefieren tener controlados a los periodistas mediante las campañas de publicidad oficiales.  

   Pero Pedro J. tiene la mejor capacidad que pueda tener un periodista, molestar por igual a todos los poderosos. Sacándoles  los colores en temas de corrupción y otros más graves. Ha sido la piedra en el zapato de todos los políticos. De todos los políticos, sindicatos y de la Casa Real. Y claro, cuanto todos los poderosos tienen algo en común se ponen muy fácil de acuerdo.


   Supongo que las presiones habrán sido máximas cuando ha decidido marcharse.  Hay quien afirma que los casos de Bárcenas y Undargarín han sido la puntilla de este logroñés. Esperemos que Casimiro García-Abadillo continúe su línea investigadora y que las  editoriales las haga más cortas.













Copyright de la imagen http://www.cuatro.com/las-mananas-de-cuatro/Pedro-Ramirez-siento-controlado-informar_2_1645905049.html

viernes, 17 de enero de 2014

El Reino de España


En España reina Juan Carlos I. Es una obviedad oficial. Pero realmente no parece que reine nadie. Existen en nuestra cotidianeidad política muchos desaguisados partidistas,  disparates independentistas, putrefacciones sindicales, intentos de reconvertir el sistema en una república federal, partidos nacionales a las que se les sublevan sus brazos regionales, corrupción generalizada por doquier, etc. etc. Tanto que no se sabe quién reina o dirige este tinglado.

En Zarzuela, hablo de la Casa Real, reina Juan Carlos I. También es una  obviedad oficial. Pero realmente parece que tampoco reine nadie. La real casa está desarreglada. Alguien, parece ser, que ha enseñado a la Infanta cómo funcionan las cosas en el lado oscuro. Algún influyente empresario sin muchos escrúpulos le ha dicho, aparentemente, que puede contratar a las personas de su servicio sin darles de alta en la Seguridad Social. Pero eso nos duele. Ya que Hacienda somos todos y que los sueldos de esa casa tan singular los pagamos los contribuyentes, al menos deseamos que las cosas se hagan  correctamente. Los personajes públicos y las instituciones tienen que dar ejemplo de honradez. Va en los sueldos y en los cargos.

En esta España que se desangra, parece  que siempre hay dos clases de personas, las que presuntamente meten la mano en el saco común sin que  les pase nada y el resto de mortales.  La división de los españoles frente la justicia es palmaria. Por un lado, los poderosos y, por el otro, el resto de españolitos.  Y, si se le cruzan los cables a algún juez o bien lo apartan de la carrera judicial o si no pueden y condenan al amiguete, ponen a funcionar la rueda del indulto. Desde el año 2000 hasta mediados de 2013 se produjeron 6.442 indultos. Gallardón en su primer año al frente del Ministerio concedió 501 indultos. Más de uno al día.

La tradicional ausencia de noticias sobre la casa real de hace unos años atrás en nuestra prensa, se ha vuelto en contra. Ahora todo el mundo quiere saber de ellos, sobretodo de sus meteduras de pata. Casi cualquier cosa es noticia y se amplifica.

En ese aspecto y centrándonos en el asunto de la Infanta, encontramos dos tipos de reacciones ante su imputación. Los que no les gusta que se impute a Dña. Cristina esgrimiendo que se le imputa precisamente por ser quien es y los que no cabe en sí de gozo por tal histórico e inusual acontecimiento. España siempre dividida en dos. Da igual el motivo.

Para añadir un ingrediente más a esa sopa, el Jefe de la Casa Real ha dicho que la instrucción de la Infanta debe acabar. Hay quien lo entiende como una presión al juez. Lógico. Pero al juez Castro no solo lo presiona la Casa Real, también el Fiscal, por mandato de su jefe Gallardón, presenta un escrito diciendo que no va a recurrir y, en realidad,  hace un recurso encubierto poniendo a parir al juez y plasmando todos los motivos que pondría en el hipotético recurso. ¿Cómo te atreves impugnar a la Infanta? ¡Teoría conspiratoria! Por mucho menos de lo hecho presuntamente por la Infanta a cualquiera que leemos esto nos imputan sin dudarlo.

Mientras tanto, cada día se descubren asuntos más turbios sobre el matrimonio Cristina – Iñaki. Sus vidas han cambiado, aunque no tanto, pero ya se les nota. Sus caras van desluciéndose. El rictus circunspecto es ahora marca de la casa. Nuestro Rey también lo sufre en silencio. Hace unos años Su Majestad nos acostumbraba a salidas nocturnas y cacerías, rememorando hazañas de sus antepasados, y todos les reíamos las gracias. Es muy campechano, decían. Ahora no cuela. Ni si quiera la Reina, y eso que es la profesional de la casa, se libra del malestar ciudadano. Cada vez son más numerosas las ocasiones en que un miembro de la Casa Real aparece en un acto oficial y es abucheado o silbado.

Sin duda, nos iría mejor si el Rey reinara en su casa y en la de todos nosotros. Debería poner orden, pues es su función, entre los partidos políticos, mayoritarios o no. Leerles la cartilla por sus numerosos asuntos de corrupción, por sus intentos de constreñir a la Justicia y por sus retozos con los nacionalistas. Claro que si en su familia la cosa anda como anda, cualquiera los pone de ejemplo. Sería fácil contestarle cuando te diga que tienes que frenar los casos de corrupción en tu partido eso de “y tú ¿qué?” o “arregla primero tu casa”.

Lo que está claro es que en España y en la Zarzuela, vistos los acontecimientos, el Rey Juan Carlos, desgraciadamente, no reina. Quién reina es el caos. Y eso es malo para todos.




viernes, 5 de abril de 2013

A tomar (in)fanta, presuntamente.






La Infanta Cristina ha sido imputada por el juez que instruye el caso Nóos en la causa abierta a su marido Iñaki Urdangarín. ¡Toma ya! Es la primera vez en la historia que pasa algo igual.

Todos los españolitos de a pie, todos los que religiosamente contribuimos con el Fisco con nuestros impuestos, le pagamos el sueldo a la Infanta. A ella, a toda su enorme familia y a miles y miles de políticos y cargos públicos. Esto es de perogrullo, lo sé

Pero lo que duele del caso es que esta señora, cuando viaja al extranjero, nos representa (aunque no queramos) a todos y cada uno de nosotros, por lo que no solo debería tener la obligación legal y moral de ser honesta y honrada (siempre que realmente no lo fuera, pues todavía existe la presunción de inocencia), sino que, como decía Plutarco, además debe parecerlo.

Vista la situación procesal, presuntamente se le podría condenar por la comisión de los mismos seis delitos por los que, también presuntamente, habría cometido su marido. Pues si  los condenaran finalmente, tras lo que habría que ver la pena que se les impondrían,  pareceríamos gilipollas si continuáramos pagándoles para que continuaran con el tren de vida que hasta ahora estaban llevando. Una vida que muchos quisieran tener (personalmente, yo no), para que enciman se aprovechen presuntamente de sus posiciones para realizar tráfico de influencias, enriquecerse y quién sabe si esconder en paraísos fiscales el dinero.

Una reflexión que me surge inmediatamente, si a un político que condenan se le inhabilita para su cargo público para una serie de años ¿a una infanta también se le podría inhabilitar?

Otra cuestión que me inquieta ¿Por qué la Casa Real y supongo que su máximo representante el Rey dice que le sorprende la actitud del juez?¿Es una sutil forma de actuar diciéndole al juzgador que sabemos quién eres y dónde trabajas?

Y otra pregunta ¿qué imagen se proyecta de España en el extranjero cuando dicha noticia ha corrido como la pólvora por todos los noticiarios foráneos? Por un lado, que en España existe cierta “elite”, y ya no me refiero a la Infanta, que aprovechan su situación pública de poder para sus propios intereses, sin tener los más mínimos atisbos de moralidad y honradez.

Por otro lado, que la Justicia actúa independientemente de los linajes sanguíneos y reales.

Al menos algo hemos aprendido de nuestra historia [1]y nos hemos civilizado un poco, pues ya no echamos a los reyes y a sus familias a gorazos de España, ahora  les imputamos judicialmente.



[1] La monarquía y la corrupción no es nueva en nuestro país. Fernando VII empleó dinero que Gran Bretaña le había dado para que abandonara el tráfico de esclavos y lo utilizó para comprar unos buques podridos en Rusia. Isabel II también tuvo turbios negocios con las concesiones ferroviarias y con contratas y movimientos financieros. Tanto es así, que Emilio Castelar lo denunció públicamente en su famoso artículo “El rasgo.”