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lunes, 25 de noviembre de 2013

Cultura democrática



Después de los dos años de Rajoy a la cabeza de su Gobierno, uno no puede más que comprobar y entristecerse por el poco nivel tienen los políticos que nos gobiernan.

En este bendito país, por muchas carreras universitarias y oposiciones al Estado que tengan nuestros dirigentes, ninguno piensa en los ciudadanos. No existe cultura democrática. Lo primero son siempre ellos. Los partidos, me refiero. Que ¿hay que intentar acabar con una crisis económica y financiera?, pues aunque seamos de derechas y nos llamemos liberales, subimos los impuestos  más que en Corea del Norte y creamos, de paso, otros tributos nuevos. Presión para los que tienen una nómina y guillotina para los parados (mientras se decide que las SICAV’s sigan tributando al 1%).

Que vemos que nuestra visión política no se ajusta con la  realidad, no hay problema,  cambiamos esa realidad a base de reales decretos y nos hartamos de regular casi cualquier cosa. Todo ellos, sin negociar con otras fuerzas políticas. Da igual que eso que se quiere regular no sea una prioridad, dados los acontecimientos y da igual que esté funcionando. Si no es de mi color, lo cambio.

Que estamos apretando la tuerca, dando cada consejo de ministros una vuelta más y vemos que aunque, en general, la ciudadanía está anestesiada con los goles del defraudador millonario,  existen ciertos círculos de personas, cada vez más diezmados, que no están de acuerdo y protestan. Pues creamos, en dos días o tres a lo sumo, una nueva ley de seguridad ciudadana donde (eso sí es darle un vuelta más a la tuerca) se ponen multas millonarias por protestar. Desde la Ley Corcuera, aquella que se le llamó de la Patada en la Puerta, no ha habido una ley más inconstitucional en España. Es un auténtico despropósito jurídico. Todo es prohibir y multar con sanciones de hasta ¡600.000 euros!. Lo que digo, le das el poder al político y con su súper ego se cree que puede con todo. No hay cultura democrática.

Tanto el PP como el PSOE pecan de la misma falta de democracia. La  interna y la externa, por mucho que lo intenten disimular con primarias descafeinadas. Cada vez que han llegado al poder han intentando cambiar las cosas a su conveniencia (esto, algunos, lo llamarán justo y democrático) pero lo que han hecho exclusivamente es mejorar la situación de sus militantes o sus dirigentes. No ver lo que realmente importa a la ciudadanía es un acto de hemiplejia intelectual del que adolecen nuestros políticos. Da igual, la izquierda o derecha, ambos son imbéciles, como diría Ortega y Gasset.  Un ejemplo lo vemos en la ley de Educación. Cada partido, cuando ha llegado al poder, en vez de intentar hacer unas leyes de Educación que duren mínimo veinte o treinta años (con las actualizaciones que se quieran), que cuenten con el consenso de la mayoría  de los partidos lo que hacen es aplicar el rodillo parlamentario y promulgar normas que durarán lo que duren ellos en el poder. No mucho más. En vez de pensar en los hijos y los nietos que serán nuestro futuro piensan en sus votos y en como ellos quieren que sea la realidad. No son estadistas ni hombres de Estado. Son de pensamiento cortoplacista. En la democracia cuando se quiere llegar a acuerdos que sean perdurables y que redunden en el bien de todos, hay que negociar y para ello hay que saber ceder. Conceder a la otra parte algo a costa tuya, pero con el fin de conseguir un objetivo mayor. Cosa que los egos de todos estos abrazadores de escaños no saben. No tienen ni idea del significado de la palabra empatía. Son psicópatas sin sentimientos por los sufrimientos de los ciudadanos.

Ahora nos anuncian otra nuevo ajuste para apretarnos un poco más, pero ya con la Ley de Seguridad Ciudadana vigente para que no protestes. Cuidado. La reforma anunciada será a todas luces un intento de exprimir más a los trabajadores a beneficio de las empresas. La nueva reforma laboral que se avecina, (y van ya…) ¿pensáis que va a proteger a los trabajadores haciendo que, por ejemplo, sus despidos sean más difíciles para las empresas? Seguro que no.

Como digo, no existe cultura democrática en los que nos gobiernan (ver los múltiples casos de corrupción) y los que están dirigiendo nuestros hilos tan solo quieren mejorar su propia situación y, para ello, cuentan con nuestro esfuerzo, dinero y nuestro tiempo.


El PP sigue aplastando un poco más a los ciudadanos, cada Consejo de Ministros,  convencido de que haga lo que haga, a pesar de Bárcenas, de Fabra, y la Gurtel,  el PSOE no le quitará el poder. El PSOE está colapsado, piensan. Y puede ser verdad. Está bajo mínimos. Pero no olviden los del PP que aunque el PSOE esté como una gallina a la que le han cortado la cabeza, sin dirección clara y chocándose con las paredes, sigue siendo más fuerte que ellos en casi todos los aspectos. Sobre todo en el más importante, su capacidad de comunicación.














Copyright de la imagen http://www.e-ciudadreal.org/contenidospropios/opinion/cultura-democratica-y-patologias-politicas

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Estigmatización de la pobreza.






El otro día, Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz, acusó a los que recibían ayudas sociales de malgastar el dinero en Internet. En realidad lo que quiso decir y luego explicó es que si están recibiendo dinero de ayudas cómo es que se lo gastan en conectarse a la red. Pero, la lectura entrelíneas de lo que dijo, obviamente es una interpretación personal, era algo así como que qué es esto de que esa gente que recibe ayuda sociales puedan opinar tanto. Las personas que reciben ayudas no deben opinar,  aceptan las ayudas y se callan. No pueden estorbar.

Los políticos y sobre todo ciertas personas pertenecientes a esa clase que se autodenomina media acomodada, y de ahí vienen muchos políticos, tienen fobia a otras clases “inferiores”. Consideran que esas clases trabajadoras desperdician los recursos del estado y les culpan de todos los desordenes, delitos y crisis existentes. El “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” es una clara acusación a esos que no han tenido la agudeza mental de no gastarse más de lo que no tenían. Los males que padece el Estado actualmente son achacados a los que no tenían el poder de decisión. Otro ejemplo es cuando aquel político dijo que las prestaciones sociales se las gastaban en televisiones de plasma, o cuando Duran y Lérida (sí, Lérida) dijo que en otros sitios de España, en alusión a  los andaluces y extremeños, recibían el PER para irse al bar de pueblo a pasar la jornada. ¿Y qué me decís de la hija del político Fabra, también diputada, diciendo en sede parlamentaria “que se jodan” cuando se hablaba de los recortes a los parados? Como veis ejemplos existen miles.

Es acritud con esta clase (especialmente con los ninis[1]  en España o los Chavs[2] en Inglaterra que son descritos como los que van vestidos en chándal de marca, teléfonos móviles con Internet y joyas de oro) no pretende otra cosa que debilitarla y endemoniarla para que poco a poco se vayan creyendo todas esas ideas y cada vez puedan solicitar menos ayudas. Esa desacreditación también sirve para que la clase media con pensamiento de superioridad, pero cada vez más empobrecida y, por tanto, más cerca de la clase baja, se crea que va  diferenciándose de esos obreros o de esos que no han trabajado nunca. Si la clase obrera toma conciencia que no son merecedores de nada, se les podrá ofrecer trabajos en la hostelería, por ejemplo, por 400 ó 500 euros echando más de 12 horas. Entonces, según su lógica ¿Para qué gastar los recursos del Estado en prestaciones sociales o en  hospitales si no se las merecen?

¿Para qué vamos a ayudar a esas personas si la situación en la que están se las han buscado ellos solos? De hecho, nuestros políticos y empresarios afirman públicamente que mucha gente no trabaja porque no quiere. Que si hay que irse a China, Inglaterra o Alemania a trabajar que se va y punto. Nada más lejos de la realidad. No todo el mundo puede costearse los viajes para acudir a aquellos países que ofertan trabajos. En España difícilmente se habla inglés, por lo que alemán y chino ni lo mencionamos. Y esto ¿se debe a la culpa de los padres que no pudieron pagarles a sus hijos clases en colegios privados donde enseñaban esos exóticos idiomas o a un deficitario sistema de educación diseñado por profesionales de la política? Solo los hijos de personas pudientes terminan las carreras con los conocimientos de chino, alemán y hablando perfectamente inglés porque fueron a colegios elitistas o disfrutaron de foráneas vacaciones. Y aquellos que pueden reunir algún dinero para costearse el vuelo, llegan a esos países y tras hacer lo que pueden para sobrevivir y  gastarse los pocos ahorros se tienen que volver con una mano delante y otra detrás.

¿Por qué hemos llegado a este punto, donde una clase por su origen mira por encima del hombro a otra hasta el punto de hacer chistes, denigrarla o burlarse de ella? Ese racismo de clases tiene su origen en la deslocalización de las industrias. Las grandes empresas, nada comprometidas socialmente con el entorno donde estaban ubicadas, se han marchado a países como la India, China u otros países asiáticos donde es más barato fabricar, dejando desempleada y desamparada a millones de personas en Europa. La espiral del todo vale por ganar más, en su versión más cruel, hunde a la larga a un país. La venta de empresas del Estado por parte de Felipe González, Aznar y los siguientes presidentes, también han contribuido a esto. En Inglaterra se cerraron las minas y se cortaron muchas ayudas sociales por Margaret Thatcher y ahora algunos políticos de aquél país dicen que se deberían esterilizar a los que tengan más de un hijo y que reciban ayudas sociales.

Pensamientos como estos, justificados por el dato económico que todo lo puede es lo que nos lleva al racismo, xenofobia y otros males mayores. ¿Por qué en vez de esterilizarlos no les quitamos simplemente las ayudas o por qué no le pintamos una estrella de David amarilla por ser creyentes de otra religión? Por eso cada vez hay más gente que no quiere ir a votar a las elecciones, cada vez somos más los que no creemos en los políticos y en los sindicatos y cada vez somos más los que nos quedamos en casa. Pero, desgraciadamente, el permanecer en el sofá el día de las elecciones o el de una movilización les da la razón. Nos prefieren mudos y quietecitos en casa.

Todo  esto es producto de los malos políticos y de los empresarios desmedidos y de su conciencia del todo vale. Y en cierto punto, es verdad, o al menos nos creemos que es así. Las inmorales políticas que promueven las grandes empresas se nos venden como necesarias y justificadas por la situación económica actual (véase por todas la nueva ley de energía donde se sanciona con millones de euros a los que pretenden ser autosuficientes, como si los políticos fueran dueños del Sol). Lo peor es que estos grupos mercantiles al dominar y financiar a los medios de comunicación, a los mismísimos políticos y a expertos o científicos, consiguen que esas peregrinas ideas tengan calado en la opinión pública y muchos las aceptan como válidas.

Desgraciadamente todas estas fechorías de los políticos, al final,  les salen gratis. ¿Por qué? Porque no  tienen miedo a los ciudadanos. Los políticos solo tienen miedo a los que se organizan y se reúnen en torno a unos intereses. Por eso se quiere atajar rápidamente a Sánchez Gordillo, no vaya a extenderse la idea y la situación se descontrole. Por eso no se quiere hablar de que existan “clases sociales” que es mejor que cada uno avance por su cuenta, con su propio esfuerzo. El individualismo como religión política debe imponerse. No vayan a unirse y nos acechen.

Se quiere acabar con la clase trabajadora para que humillados aceptemos cualquier limosna que nos quieran dar por trabajar jornadas inhumanas. Volvemos al Londres Dickensiano siglo XIX o al campo retratado por Delibes en los Santos Inocentes con el señorito y sus desprecios.

Los dirigentes (empresarios primero y políticos después) quieren siempre más del pastel. No sacian su hambre. Solo nos regalan las migajas y quieren ir poco a poco dejando a esa clase sin horizonte por el que pelear y sin posibilidad de mejorar. Para  que todo se reduzca en mandar ellos, obedecer los otros y enriquecerse los mismos. Así la izquierda política, si no tiene qué defender y si encima se une, como en Andalucía, al festín del despilfarro (por no decir otra palabra) del dinero público, dejaría de tener fuerza en las urnas y los de siempre, los que han mandado desde tiempos feudales, tendrían más tiempo el poder oficial. A la larga la izquierda política dejaría de existir por no tener razón para ello, ni a quién defender.

Todo este escarnio no pretende otra cosa que denigrar a los trabajadores y hacerles creer que se merecen y deben aceptar su pobreza y así, que poco a poco vayan renunciando a las ayudas sociales y a sus derechos por vergüenza de verse estigmatizados por esa desdicha de haber nacido con esa tara social, ser pobres.




[1] Jóvenes que ni estudian ni trabajan.
[2] En el libro “Chavs: La demonización de la clase obrera” (Editorial Entrelíneas, autor Owen Jones) se describen a los equivalentes a los ni-nis en Inglaterra.











copyright de la imagen: http://mx.ibtimes.com/articles/27668/20120911/ninis-estudio-ocde-mexico-porcentajes.htm