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viernes, 27 de septiembre de 2013

La Diada, conmemoración de una derrota española (y II)



(viene de una entrada anterior)


Mientras tanto, y antes de la muerte de Carlos II, el rey francés Luis XIV auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya en 1698, en la que se repartían el imperio hispánico a espaldas de la propia afectada, España. No nos enteramos de nada.

Pero hete aquí que el heredero José Fernando se muere antes de cumplir los siete años, en 1699, para sorpresa de unos y congoja de otros. Vuelta a empezar con los enredos sucesorios.  Todas las potencias europeas empujando, de nuevo, para que su candidato fuera el mejor posicionado en la salida. Todos a la gresca con el cuchillo entre los dientes.

Debido a la muerte del imberbe heredero, se firma el Segundo Tratado de Partición también a espaldas de España. En aquella época, incluso siendo potencia, (y ahora no siendo nada también), nos manipulaban y manejaban las demás potencias a su antojo, qué calamidad. Con este segundo tratado el heredero al trono hispano era el Archiduque Carlos y,   en compensación, a Francia se le otorgaban todos los territorios italianos de España y Guipúzcoa. Esto hizo cabrear a Austria que reclamaba todos los territorios españoles y a la propia corte española. Y todo esto sin que aún hubiera muerto el rey embrujado.

Aquí, en España digo, se creó por el Cardenal Portocarrero un partido bávaro a favor del niño José Fernando, pero cuando murió el chiquillo la iniciativa del partido se inclinó hacia el candidato francés. Y así, nació también el partido francés. Cosas de españoles. Está en nuestro ADN dividirnos en dos para todo tipo de temas. Así somos, así nos va.

Como decía, ya muerto el chaval heredero, el moribundo Carlos II, justo un mes antes de su muerte, firmó otro testamento que dejaba como heredero de todo el imperio al franco Felipe de Anjou. Así aseguraba la integridad de la monarquía católica y  la unidad del territorio imperial; y ello, a pesar de las cuatro guerras que  había mantenido con el vecino Luis XIV (Guerra de Devolución (1667-1668), Guerra de Holanda (1673-1678), Guerra de 1683-1685 y Guerra de los Nueve Años (1688-1697)).

Con la aceptación del testamento por parte de la rama francesa se rompía de facto el Segundo Tratado de Partición firmado con Inglaterra y las Provincias Unidas (Países Bajos). Cosa normal y aceptable para unos y muy cabreante para otros. El cabreo iba por barrios.

El rey de Francia, Luis XIV, ante una asamblea formada por la familia real, altos funcionarios y diplomáticos extranjeros presentó a su nieto como el Rey de España y le dijo algo que dejó atónitos a todos los presentes: “Sé buen español, ése es tu primer deber, pero acuérdate que has nacido francés, y mantén la unión de las dos naciones; tal es el camino de hacerlas felices y mantener la paz en Europa.”

Esto, junto con que el mismo monarca hizo una declaración formal de conservar el derecho a la sucesión al trono francés de su nieto Felipe, abrió las puertas a una eventual unión de ambos reinos y a la violación del propio testamento de Carlos II, que prohibió expresamente la unión de sendas coronas.

Al mismo tiempo, Luis XIV, mandó ocupar unas plazas de los Países Bajos Españoles debido “al poco entusiasmo de los Estados Generales de los Países Bajos españoles por jurar al duque de Anjou como rey de España”. Y se quedó tan pancho.





(Continúa en una próxima entrada)



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martes, 24 de septiembre de 2013

La Diada, conmemoración de una derrota española (y I)



Hace poco se celebró en Cataluña la Diada. El 11 de septiembre. Y como siempre en esas fechas, y este año 2013, más que nunca, se instaba desde las más altas instancias del poder regional a la independencia de Cataluña. Artur Mas, presidente de la Generalidad, celebrando ese día como el día de la patria catalana decía que pronto se convocará un referéndum para preguntar a los ciudadanos si querían ser independientes. Porque yo lo valgo.

Estando así las cosas, y haciendo más ruidos los nacionalistas que otras veces, deberíamos abordar el tema para ver si es verdad aquello que proclaman y si está justificado todo lo que reclaman.

Para ello necesitaríamos hacer un poco de historia.

A finales del siglo XVII reinaba en toda España (en todas las Españas deberíamos decir ya que también englobaba las de ultramar y muchos territorios de Europa) Carlos II de la Casa de los Habsburgo. Debido a sus constantes enfermedades y a su infertilidad, el Hechizado, pues así era socarronamente llamado por sus súbditos, siempre tan dispuestos a la chismorrería y los chistes, no dejó descendencia a la que poder legar su acaudalado trono. Y eso, si para un rey era cosa importante, no lo era menos para la nación que regía y para sus futuros súbditos.

Los años anteriores a su muerte, expiró en noviembre de 1700, la cuestión sucesoria del Imperio se convirtió en asunto internacional. España con todas sus colonias era un botín que no podían dejar escapar las otras naciones europeas. A todos los monarcas reinantes los ojos les hicieron chiribitas y empezaron a salivar profusamente ante la posibilidad de quedarse con un trozo del pastel. Eran perros de caza y la presa era una huérfana España.

Al principio, existían dos posibles familias con derecho a reclamar la corona española, la casa de los Borbones y la de los Habsburgo, ya  que el Rey de Francia Luis XIV (Borbón) y el emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico (Habsburgo) estaban casados con infantas españolas, hijas de Felipe IV. Los candidatos eran a la izquierda y vistiendo camisola azul y representando a Francia, Felipe de Anjou, y a la derecha del ring con camisola blanca y representando a Alemania, el Archiduque Carlos. Que comience el combate.

Dado que el pobre Hechizado no conseguía tener hijos ni aunque copulara con monjes rezando a su vera, ni mejoraba su salud con los exorcismos, decidió unos años antes de morir nombrar heredero a José Fernando de Baviera. Así se calmaran las ansias europeas, pensó. Esta era una tercera opción que nada tenía que ver con las anteriores y que era apoyada por las otras dos potencias europeas del momento, Inglaterra y Países Bajos.

Ingleses y holandeses veían con malos ojos las dos opciones primeras. Sus intereses peligrarían si el heredero era de la rama Borbónica ya que haría de España y Francia un eje católico y una potencia hegemónica de tal tamaño que los barrería de la escena internacional. Igual sucedería si se decantaba por algunos de los hijos de Leopoldo I ya que resurgiría un imperio semejante al de Carlos I de España y V de Alemania. Francia, obviamente, tampoco disfrutaba mucho con esta opción ya que de repetirse el eje España - Austria, volvería a verse aislada como entonces.

Siendo el chaval José Fernando de Baviera el mejor candidato para los cortesanos españoles y el que menos amenazas representaba para el resto de potencias europeas, su elección como heredero tranquilizó las europeas aguas regias.


(sigue en una próxima entrada)




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